Los Guerreros de
San Martín
Por Alan Mineo
Exactamente han transcurrido 871 días desde que Chacarita Juniors descendió a la Primera B Metropolitana desde la B
Nacional. Desde aquel 30 de Junio de 2012, en el partido definitorio ante Nueva
Chicago para salvarse del descenso, los hinchas “Funebreros” han vivido días fatídicos, nefastos, de calvario, de
tristeza, ya que un club de tanta importancia e historia no merecía estar en la
tercera categoría del fútbol argentino.
Allí, las temporadas pasaban sin pena ni gloria para el conjunto de San
Martin. Muchos técnicos han desfilado en la institución durante dos años y
medio, sin encontrarle un funcionamiento eficaz al equipo: Salvador Pasini,
Carlos Leeb, Fabián Itabel, entre otros… Pero hay uno de ellos, muy exitoso,
que se destacó entre todos por sus fuerzas y ganas de conseguir el objetivo más
preciado: el ascenso. ¿Su nombre? Aníbal
Biggeri, el general encargado de sacar adelante el mal momento y que
cumplió a rajatabla su principal lema, declarado hace un tiempo atrás en este
periódico: “La meta es ascender”. Y
se dio, porque Chacarita obtuvo
junto a él 30 de los últimos 36 puntos en disputa, logrando conseguir el primer
puesto, por sobre Estudiantes de Buenos Aires, Tristán Suarez y Villa Dálmine.
Fue muy destacada la labor de Aníbal, ya que tomó las riendas de un
equipo necesitado de resultados positivos de manera inmediata. Junto con su
ejército en el terreno de combate logró ganar distintas batallas a lo largo de
este 2014, entre las que se destacan la Batalla
de Caseros (venció a Estudiantes por 4-1 como visitante cuando el rival se
disponía a salir campeón con muchos puntos de ventaja sobre los demás equipos)
y la Batalla de Ezeiza (derrotó
fuera de casa 2-0 a Tristán Suarez, uno de los candidatos al ascenso).
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| Sencillo y humilde, Anibal ganó la peor de las batallas |
Con el pasar de los días, en cada una de ellas, más los partidos como
local (se destacan los triunfos ante Atlanta por 1-0 y ante Dálmine, por el
mismo resultado, en la última fecha), los
“Funebreros” formaron un sólido
ejército para expandir su territorio en la Primera
B Metropolitana y tomaron el control absoluto de San Martin, con el
objetivo de poner orden a tanto barullo. El general se encargó de terminar con
un período de guerras, tormentos, desilusiones, torturas y sufrimientos, y le
dio a Chacarita una era de paz, bonanza y grandeza imperial. Sus guerreros emplearon
la formación 4-2-3-1 que le dieron
tantos buenos resultados para vencer a sus enemigos.
En la primera línea, Emanuel
Moralez y Maxi Paredes se
hallaban en los sectores laterales demostrando su fuerza, lucha y velocidad
ante los rivales, mientras Gonzalo
Rocaniere y Franco Racca/Brian Ortiz
se destacaban por la valentía ante cada jugada, tanto defensiva como ofensiva,
el hostigamiento de forma apacible, sin ocasionar ningún tipo de daño, cuyos gritos
inspiraban confianza en sus aliados e infundían el miedo entre sus enemigos.
Unos metros más adelante estaba la segunda línea, conformada por hombres con
mucho coraje, combatientes y luchadores expertos en este tipo de batallas, con
o sin armas de defensa, como lo son Víctor
Zapata, el líder de la zona por su prolongada carrera, acompañado de Miguel Mellado. Amplio conocimiento de
la materia deben tener estos guerreros, y ellos, sin dudas, lo son.
Además, delante de ellos se encontraba el trio creativo, compuesto por Facundo Melivilo, Damián Manso y Matías Rosso,
encargado de vencer a las tropas enemigas con astucia, gritos de comando e
influencia en el campo de batalla, con el fin de tomar las decisiones más
sabias y virtuosas para destacarse en el combate. Tercera línea más que
tenebrosa, y gracias a ellos, se obtuvieron varios intervalos de un trayecto
que terminó en la gloria, y que el pueblo “Funebrero” adoraba juntarse en el
estadio para verlos. Y la última recta estaba conformada por Cristian Bordacahar, el guerrero
distinto a todos, cuya robustez es envidiable y quien usó sus impulsos de
manera magistral, por su capacidad para explorar, intimidar, desafiar y dejar
en ridículo a sus adversarios.
| El equipo de Chacarita, minutos antes del partido final. Foto: La Gloriosa Tricolor |
En el torneo, el general Aníbal construyó un ejército para el recuerdo,
con muchas ansias de obtener la victoria en cada terreno de la provincia de
Buenos Aires. En él, se edificó la obra de un comandante en el arco, cuyo
nombre es Agustín Rossi: su altura,
su contingencia para evitar la caída de su tropa en cualquier momento, su
corpulencia tan interesante para esta clase de definiciones y su seguridad ante
avances del adversario fueron necesarias para conseguir el deseo más preciado
por todo San Martín.
Todo lo anteriormente reflejado, hace referencia a un tema muy
importante en la historia mundial, que cambió por completo los mapas de Europa,
más precisamente en Roma, Italia, ya que allí se inició el ascenso del Imperio Romano en el año 27 antes de
Cristo, hasta su caída en el 476 después de Cristo. Con el pasar de los años,
los romanos conformaron un sólido ejército para conseguir otras tierras
alrededor del Mar Mediterráneo y beneficiarse con riquezas. A medida que la
extensión crecía, se hacía muy difícil gobernar su totalidad y como
consecuencia, Julio César se encargó
de ello, logrando su tarea de manera exitosa.
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| Los guerreros, en pleno combate |
El ascenso está concretado. Chacarita
volvió a la Primera B Nacional,
en donde para la siguiente temporada tendrá muchos equipos de relevancia y con
historia para luchar, además de viajar por diversas provincias y ciudades de
nuestro país. Sin vacilar, el entrenador Aníbal
Biggeri armó un equipo capaz de conseguir el campeonato y alcanzó la
gloria, aunque en ocasiones ésta puede ser efímera, dependiendo del paso del
tiempo. Seguramente se lo reconocerá como tal, por la hazaña conseguida con
trabajo, sencillez y humildad, y será recordado como el entrenador que rescató
al “Tricolor” del infierno.
En este 2014, cuya principal herramienta negativa fue el sufrimiento, Chacarita aniquiló las adversidades
que se le presentaron y aparecieron los guerreros de San Martin.



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